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Con la mira en el siglo XXI
Katherine Benziger, Ph.D. y Arlene Taylor, Ph.D.

Durante la última parte del Siglo XX, el mayor énfasis de la medicina preventiva ha estado en responder al “qué se puede hacer”. Los esfuerzos se han orientado a demostrar que con un modelo de tratamiento en particular se podía lograr el resultado buscado. El Preventive Medicine Research Institute (Instituto de investigaciones en Medicina Preventiva), dirigido por el Dr. Dean Ornish, ha demostrado que es posible revertir la arteriosclerosis con tratamientos tales como la dieta, el ejercicio, la meditación y el manejo del estrés. El Harvard Medical Center (Centro médico de Harvard) ha probado que las migrañas se reducen significativamente con sesiones regulares de masajes. Otras organizaciones han mostrado que es posible paliar los síntomas del Síndrome Premenstrual limitando el consumo de cafeína. Con la llegada del siglo XXI está cambiando el enfoque del campo de la investigación, como respuesta a la reducción de los recursos y los costos crecientes. Por un lado, el énfasis se orienta hacia demostrar la coherencia y capacidad de predicción con las cuales puede lograrse un resultado específico a través del tiempo. Por otro lado, existe la necesidad de identificar estrategias más amplias y eficaces para el bienestar y la medicina preventiva.

En el ámbito de estas estrategias, las observaciones actualizadas de la fisiología con respecto al modelo de C. G. Jung prometen aportes de valor. Desde el punto de vista psicoterapéutico y la salud mental, auspician un índice de logros mayor. Desde la perspectiva de la sociedad en general, proponen un impacto positivo en la salud mental a través de la mayor satisfacción y efectividad del individuo en su vida laboral, y mediante la reducción de los costos de la salud mental gracias a un mayor estado general de bienestar. Como tales, las implicancias van mucho más allá de lograr la individuación; llegan a la trama misma de las creencias sobre el bienestar, la plenitud y la asignación de recursos.

INTRODUCCIÓN

Por fortuna, durante la última porción del Siglo XX, la solidez e integridad del trabajo de Jung están siendo cada vez más reconocidas. Son cada vez más los terapeutas que buscan comprender y aplicar lo implicado por Jung en cuanto a las cuatro funciones (Sensación, Sentimiento, Intuición y Pensamiento); la relación entre Extraversión e Introversión, y el desvío de tipos. Todos estos conceptos sirven para ayudar al paciente a comprender y aceptar las diferencias de personalidad que lo han perseguido durante su vida y le han causado dolor; sus dones particulares y únicos, y el camino que le permitirá encontrar la integridad y la felicidad y a la larga hacerlas parte de su vida.

Dado el clima científico de hoy día, es aun más emocionante el hecho que muchos hallazgos recientes sobre la función cerebral que involucra la especialización funcional, la resistencia electro-química en la corteza y el sistema de excitación, confirman la validez científica de los elementos constitutivos del modelo de Jung, algo que la comunidad psicoterapeútica está intentando comprender y aplicar. La Dra. Katherine Benziger ha tenido una función de liderazgo al momento de articular estas relaciones científicas de manera útil.

BASES FISIOLÓGICAS DEL MODELO DE JUNG

El vínculo inicial validante entre el trabajo de Jung y la neurofisiología le fue sugerido a Benziger por primera vez hace aproximadamente quince años por el Dr. Karl Pribram, entonces director de Stanford Behavioral Research labs (Los Laboratorios de Investigación de la Conducta de Stanford). Posteriormente Benziger desarrolló un exhaustivo modelo basado en la neurofisiología, el cual en su forma actual representa una síntesis del trabajo del Dr. Pribram, el Dr. Hans Eysenck de Londres, el Dr. Richard Haier de San Diego y varias decenas de otros investigadores menos conocidos.

Es importante notar cómo el trabajo de Benziger es sólido y útil y además se concentra en los patrones de conducta consciente del individuo que incluyen el uso y respeto por su talento natural o función dominante y sus funciones auxiliares e inferiores. Lo más notable es que Benziger identifica patrones en la conducta consciente que indican la presencia o ausencia del desvío de tipos. Como tal, el trabajo de Benziger se abstiene de abordar muchas áreas altamente significativas de la teoría de Jung, tales como el diálogo con el inconsciente, los sueños y los arquetipos. Sin embargo, en la medida que el trabajo de Benziger resulta muy útil a los terapeutas no jungianos, se supone que será aun más efectivo se está en manos de un analista idóneo y capaz de entrar en comunión con el inconsciente del paciente.

Un aspecto importante es que la información neurofisiológica que según Benziger valida a Jung, junto con las observaciones sobre sus propios clientes, la condujo a dos hallazgos de cardinal importancia para aquéllos que buscan aplicar el modelo de Jung para ayudar a sus pacientes. Los hallazgos fueron los siguientes:

el desvío extendido del “tipo” de un individuo, o función dominante natural, tiene ramificaciones neurofisiológicas únicas, poderosas y muy negativas;

y

un sector importante de la población adolescente y adulta desvía su tipo de una manera tan radical, que cuando se intenta identificar su talento natural (con una evaluación como el MBTI o una entrevista/examen por parte de un terapeuta profesional), las funciones identificadas como “talentos naturales” suelen no serlo en realidad: más bien constituyen el modo elegido para desarrollar y utilizar como medio de supervivencia, para encajar en la sociedad o para recibir recompensas. En otras palabras, a pesar de la buena voluntad del profesional, los esfuerzos por aplicar el modelo de Jung solían perder efectividad, e involuntariamente alentaban al individuo a insistir en el desvío de su “tipo”.

Como resultado de sus observaciones, Benziger se propuso desarrollar una mejor “trampa para ratones”: sería una herramienta para identificar el talento natural del individuo mediante la medición de la estructura y el extremo de su tendencia a desviar su tipo a lo largo del tiempo. Esta evaluación, el Benziger Thinking Styles Assessment (BTSA, Evaluación de Estilos de Pensamiento de Benziger), también estudia y hace un seguimiento a lo largo del tiempo de las necesidades de excitación del individuo (Extraversión e Introversión), y del estado general de ánimo o disposición emocional (entusiasmo, ira, ansiedad, pena).

En los últimos diez años, los terapeutas y psicólogos que han empleado el BTSA han demostrado que puede ayudar a sus pacientes a distinguir, validar y utilizar aspectos cardinales de su ser, sobre todo el nivel natural de Extraversión e Introversión y su función dominante natural, potenciales que según Jung deben ser identificados y concretados para que el individuo logre individuarse y prosperar. Está probado que esta herramienta tiene la ventaja de ahorrar tiempo de terapia, dado que permite al terapeuta “espejar” en forma exacta y con empatía el “estilo mental” de su paciente, además de su estado emocional, su confianza en sí mismo y la fe en que la sociedad acepta y valora esos aspectos de su self.

Usar el BTSA para aplicar el modelo de Jung no sólo permite que el terapeuta tenga más éxito con sus pacientes. También puede ayudar a las organizaciones de atención médica a estructurar sus modalidades terapéuticas de manera de poder predecir los índices de éxito de cada individuo y asistir a los participantes en la concreción sistemática de los resultados deseados. Estos resultados se logran abrazando y aprovechando en forma consciente la función dominante natural, y a su vez manejando cuidadosamente las funciones no dominantes, en particular la inferior, a fin de maximizar la salud psíquica y física y reducir el grado en el que se desvía el tipo.

Dado que el modelo de Benziger y el BTSA se fundan en una comprensión profunda de la neurofisiología dinámica que subyace diversos elementos cardinales del trabajo de Jung, a continuación se incluye un resumen de dicha disciplina. Tras el resumen se explora qué tipo de información utiliza el BTSA y cómo la utiliza para medir el desvío de tipos, y además se analizan los vínculos que existen entre el trabajo de Benziger y el de otros estudiosos jungianos de envergadura.

LAS CUATRO FUNCIONES

La especialización funcional del cerebro es un hecho aceptado desde hace mucho tiempo. Por tanto, no debe sorprender que la tendencia actual de las investigaciones sobre el cerebro realizadas en Estados Unidos y otros sitios muestre las cuatro funciones especializadas de Jung como la expresión visible/audible de cuatro secciones especializadas de tejidos de la corteza cerebral. El Pensamiento y la Intuición, identificados en el modelo de Benziger como Modos Frontales, se alojan en los tan elogiados lóbulos frontales izquierdo y derecho, respectivamente. La Sensación y el Sentimiento se alojan en las convexidades corticales posteriores izquierda y derecha, denominadas Modos Basales en el modelo de Benziger.

LAS DOS DIRECCIONES ACTITUDINALES

Los estudios realizados por Hans Eysenck han demostrado que cada individuo posee un nivel de alerta natural y estable en estado de vigilia. Los niveles de excitación varían según cada individuo. Aquéllos que poseen un alto nivel de alerta en su estado de vigilia, que tienen un nivel muy alto de excitación interna, identificados como “disminuidores” por algunos neuroinvestigadores contemporáneos, son percibidos como introvertidos. En realidad, absorben tanta información a cada segundo, que pueden sentirse abrumados por los ruidos y los entornos muy agitados. Por eso suelen preferir entornos con menores volúmenes de estímulo. Por oposición, los individuos con niveles muy bajos de excitación, no poseen un bajo nivel de alerta en estado de vigilia, pero son percibidos como extravertidos porque de hecho buscan fuentes adicionales y externas de estímulo a fin de lograr un nivel óptimo de lucidez interna.

Puede entonces afirmarse que en términos fisiológicos, tanto los extravertidos como los introvertidos le dicen “sí” a la vida, sólo que lo hacen de manera distinta. Es más, dado que el sistema de excitación se altera con la experiencia de confrontación o evasión, una exposición prolongada a situaciones que inducen la ansiedad tiende a aumentar el nivel de alerta, lo que conduce a un incremento provocado y temporario de la introversión. Esta introversión inducida por la ansiedad parece ser la base de la postura de Jung y otros estudiosos que supone que el introvertido le dice “no” a la vida. Es importante notar que cuando la fuente de ansiedad desaparece, el estado preferido natural del individuo se reafirma.

Esta traslación del individuo a lo largo de un continuo coincide con la observación de la Dra. Verena Kast al respecto de que “el estudio minucioso de la teoría de los tipos de Jung nos permite una descripción categórica de un individuo como introvertido o extravertido. (Más bien) estos son polos entre los cuales existimos, a veces más cerca de la Extraversión, y otras más cerca de la introversión” (Joy, Inspiration and Hope, pág.19). De hecho, debido al estrecho vínculo fisiológico entre ansiedad y excitación, el hallazgo de Benziger es que “bajo un estado de ansiedad crónica, el individuo se vuelca a una mayor introversión; mientras que bajo un estado de seguridad crónica, se inclina hacia una mayor Extraversión”.

Lo curioso es que, según lo observado por Eysenck, en términos de niveles de alerta innatos, la población se distribuye a lo largo de un continuo sobre la base de una curva normal. Entonces, sólo el quince por ciento de la población sufre naturalmente de un nivel de alerta extremo (Introversión); y otro quince por ciento registra un nivel de alerta mínimo (Extraversión). El setenta por ciento de la población, en cambio, tiene niveles de alerta más equilibrados, y en consecuencia, necesidades de estimulación más moderadas.

LA FUNCIÓN DOMINANTE INNATA

Las investigaciones sobre neurotransmisores corticales han revelado que los individuos poseen distintos niveles de intercambio eléctrico en su cerebro. Cuando una determinada región cerebral goza de una dominancia natural es debido a la facilidad natural resultante de una menor nivel de intercambio eléctrico. Cuando la habilidad que se utiliza es la manejada predominantemente por el área en donde hay un menor nivel de intercambio eléctrico, el individuo procesa la información con más facilidad. Por el contrario, hacen falta mayores niveles de actividad metabólica cuando se efectúan tareas procesadas en una región donde el intercambio eléctrico es mayor.

La eficiencia eléctrica se mejora con el desarrollo de las competencias (por ejemplo, la práctica de una disciplina hasta llegar a dominarla). No obstante, suelen existir poderosas diferencias innatas en la eficiencia que no es posible explicar o superar fácilmente con el mero desarrollo de competencias. El trabajo de Richard Haier sugiere que el modo dominante es cien veces más eficiente en cuanto a consumo de energía que los modos no dominantes. A la inversa, cuando el individuo trabaja desde un modo no preferido, el esfuerzo es capaz de consumir cien veces más de energía metabólica. Estos hallazgos abren camino hacia un entendimiento más profundo de los costos que debe pagar aquel individuo que desvía su tipo regularmente, día tras día.

DESVÍO DE TIPOS

Jung describió la violación crónica de la disposición innata del individuo como “desvío de tipos”, y explicó que:

Por regla, cuando tal desvío de tipos sucede como resultado de una influencia externa, el individuo se va tornando neurótico y sólo puede buscarse una cura exitosa a través del desarrollo de la actitud (es decir, función) que se corresponde con su tendencia natural… En un último análisis, bien puede ser que haya causas fisiológicas, inaccesibles a nuestro conocimiento (año 1926) que jueguen un papel en esto. Esto parece bastante probable si se tiene en cuenta la propia experiencia de que la inversión del tipo a menudo resulta ser sumamente dañina para al bienestar del organismo, y con frecuencia provoca graves estados de agotamiento (véase Jung, Psychological Types, págs. 415-416).

No cabe duda de que Jung estaba intuitivamente consciente de estas exigencias de energía significativamente mayores que sufre el cerebro al momento de usar una función no preferida.

Cuanto más se entienda el desvío de tipos y su relevancia, más posibilidades habrá de establecer la relación entre desvío e invalidación, en primer lugar, y de distinguir entre desvío de tipos y otras clases de desvío, en segundo lugar.

La invalidación es cualquier reacción emitida por el entorno o por el ser que implique que el individuo no está aprobado o no tiene valor. Suele suceder cuando el individuo es de cierto modo un inadaptado en relación con la mayoría de los integrantes de su grupo o comunidad. Por lo tanto, un individuo puede ser invalidado por su entorno por culpa de rasgos innatos y no negociables (por ejemplo; el sexo, la raza, la altura, el color del cabello, el color de los ojos y el talento natural), y también a causa de rasgos que son resultado de su experiencia de vida (por ejemplo, la educación, el nivel socioeconómico, el peso y el vestido). Más allá de cuál sea la fuente, la invalidación provoca malestar interno y estrés, los que a su vez conducen al individuo a intentar modificar o desviar el rasgo menoscabado para poder encajar y/o recibir recompensas. Cuando una mujer siente que sus colegas profesionales varones la invalidan debido a su sexo, tal vez decida vestirse de una manera más masculina y usar un léxico también masculino para aumentar sus posibilidades de ser aceptada. Una morocha que siente que no es atractiva es capaz de teñirse el cabello para ser más seductora. Un hombre que mide sólo 1,60 metros y sufre invalidación crónica desde su infancia y en la madurez a causa de su escasa altura es capaz de ponerse plantillas en los zapatos para parecer más alto. Un hombre con el sentimiento como función natural que es agredido e invalidado, y calificado de “maricón”, se verá inclinado a contrarrestar esto desarrollando una serie de habilidades de pensamiento e ingresando en una profesión que les dé prioridad, como ser el derecho o la economía. No todas las invalidaciones crónicas conducen al desvío, pero muchas de ellas sí lo hacen.

El problema es que mientras algunas clases de desvío (cambiar la forma de hablar o vestirse, teñirse el cabello o usar plantillas) pueden, hasta donde sabemos, carecer de “resultados negativos” desde una perspectiva neurofisiológica, el desvío de tipos genera exigencias fisiológicas muy graves y específicas en el organismo humano, como consecuencia del aumento persistente e inadecuado de consumo de oxígeno por parte del cerebro al momento de el desvío(es decir, el uso siempre ineficiente de una función que no goza de un nivel naturalmente bajo de intercambio eléctrico). Por eso el desvío de tipos combina el problema psicológico enraizado en el dolor emocional que acompaña la invalidación crónica, con un dolor fisiológico que debilita el sistema en general e impide que el individuo disfrute de su vida.

El mismo Jung observó que el costo de el desvío de tipos en términos de cansancio y neurosis era fundamental, y sólo podía corregirse si el individuo retornaba a su talento natural. Jung intuía que estos costos estaban arraigados en la neurofisiología. El trabajo de Benziger tiene en cuenta esta disciplina y explica el porqué del agotamiento como final inexorable. Es interesante cómo el trabajo de otros neuropsicólogos modernos tales como Sapolsky, Justice, Chopra, Csikszentmihalyi, Ornstein, Sobel y Goleman, hace alusión a este alto costo. Es más, muchos también sugieren que retornar, honrar y utilizar los dones innatos constituye el método más eficaz para manejar la energía y conservar el bienestar. El problema es que otros investigadores carecen de un modelo y examen exhaustivo que permita a las personas identificar sus dones naturales. En cambio, la tendencia ha sido alentarlas a prestar más atención a lo que disfrutan y no disfrutan hacer.

En oposición a lo anterior, la identificación de Benziger de las bases neurofisiológicas de las dos direcciones y las cuatro funciones de Jung permite al individuo identificar más rápida y eficazmente no sólo su talento natural, sino también su nivel de excitación actual, su nivel de excitación natural, y una serie general de capacidades que derivan de relacionar el nivel de excitación con la función y el sentido dominantes. El valor único de este perfil combinado, al que Benziger se refiere con el nombre de “contribuciones cardinales”, estriba en que permite al individuo encontrar valor en sus inclinaciones, aunque su entorno no las comparta. Un paciente, que era filósofo, arquitecto, empresario entrepreneur y que se había hecho millonario con su propio esfuerzo, analizó sus dones intuitivos y extravertidos con Benziger: terminó sumido en las lágrimas cuando la oyó aclarar que su atracción por las abstracciones chocaba con la realidad inmediata cuando ésta se manifestaba de una forma que hacía un mayor uso del hemisferio izquierdo (por ejemplo, él trataba de concentrarse en el patrón de energía de su entorno, pero a veces no podía contener la risa porque observaba que uno de sus gerentes utilizaba gestos y tonos de voz que lo hacían parecerse a un león furibundo).

En el curso de la última década Benziger, Taylor y otros han ayudado a cientos de pacientes a mejorar su bienestar, felicidad y plenitud enseñándoles sobre su talento natural, y en algunos casos, haciéndolos comprender los costos de desviar el tipo, además de cómo poner fin al desvío y empezar a abrazar, valorar y utilizar el talento natural en forma consciente.

CÓMO MEDIR EL DESVÍO DE TIPOS

El Benziger Thinking Styles Assessment (BTSA) está diseñado para ayudar a los individuos a mejorar su efectividad, sus aptitudes de colaboración y su bienestar general a través de una más lúcida conciencia y comprensión de sí. El individuo así logra aplicar el trabajo de Jung en su propia vida de manera útil y novedosa.

El BTSA también detecta el movimiento, y revela cambios en la Extraversión/ Introversión como producto de la ansiedad crónica o del  desvío. Posibilita tener una idea de por qué algunos extravertidos deciden hacer terapia, como consecuencia de haber adquirido un grado de introversión mucho mayor, resultante de una ansiedad crónica durante por lo menos dos o tres años. Nuevamente, tal movimiento no sólo coincide con las observaciones experimentales de Kast acerca de que los pacientes avanzan y retroceden por el continuo en diferentes momentos de su vida, sino que también es diagnóstico y predictivo. Es diagnóstico porque identifica una porción de la historia del paciente hasta ahora desconocida, y porque sugiere que el individuo que en la actualidad es más introvertido que en su adolescencia ha estado sufriendo de ansiedad crónica. De hecho, el grado de disminución de Extraversión puede ser una medida muy eficaz de la cantidad de ansiedad y del lapso durante el cual el individuo la ha padecido. Por último, este movimiento es predictivo porque indica que en el futuro, cuando desaparezca la fuente de ansiedad, el paciente recuperará su Extraversión naturalmente y sin esfuerzo, y podrá “respaldarse” en las habilidades naturales y beneficios personales que acompañan al individuo extravertido: la capacidad de disfrutar de las multitudes, de cerrar una venta y de crear una vida social activa y vigorosa.

Desde luego, con los naturalmente introvertidos, cuyos datos muestran la presencia de la introversión como algo natural y de por vida, no es posible predecir un resurgimiento de la Extraversión.

Es importante cómo el trabajo de Benziger sugiere que más de la mitad de la población puede estar desviando su tipo en algún nivel. No sorprende entonces que tantos individuos estén tan lejos del éxito. No sorprende tampoco que este estrés se exprese en una disminución de la salud física y emocional. La invalidación y la pesadumbre se desprenden directamente de la escasez o total ausencia de reconocimiento y recompensas por la propia función dominante innata y el talento natural, esto combinado con un agotamiento creciente originado por el desvío.

La predominancia de el desvío en la población de pacientes de hoy día infunde más claridad acerca de algunos fracasos médicos y psicoterapéuticos. Existe una noción entre muchos profesionales de que a lo largo del tiempo, hay un índice muy elevado de fracasos inexplicables de los tratamientos terapéuticos. Una explicación podría ser que el psicólogo o analista en cuestión puede actuar con empatía, “espejando” la función equivocada, a la vez que las modalidades médicas intentan lograr el bienestar paliando las heridas, sin abordar la forma fundamental en que el individuo se ve forzado a vivir sumido en el desvío.

Las terapias para manejo del estrés constituyen un excelente ejemplo. Muchos individuos se benefician de técnicas de aprendizaje diseñadas para reducir el impacto de los agentes estresantes sobre el organismo. Sin embargo, si el estrés registrado en el cerebro es resultado de el desvío(una adaptación prolongada o excesiva), a la larga el éxito de estas técnicas será limitado. Es posible lograr un éxito aun mayor cuando se identifica el agente estresante (por ejemplo, la falta de concordancia entre el talento natural y las expectativas sociales) y se brinda asesoramiento para ayudar al paciente a respetar y retornar a su función dominante innata.

APLICACIÓN PRÁCTICA

Para utilizar la energía metabólica con mayor eficiencia, evitar el abatimiento y la crisis de los cuarenta, y tal vez prevenir enfermedades, es fundamental tener en cuenta la relación entre Extraversión e Introversión y los patrones de adaptación prolongada (desvío). En tanto los modelos de tratamiento puedan identificar estos aspectos, la asistencia brindada al paciente podrá dirigirse con más exactitud hacia combinar las preferencias individuales con las modalidades correspondientes, diseñadas para lograr resultados exitosos en forma constante.

Los conocimientos específicos que pueden obtenerse con el BTSA pueden realzar la capacidad de la terapia de promover la curación en su nivel básico. Como tal, tal vez sea la modalidad de aplicación práctica más interesante de este último siglo para la prevención y el tratamiento.

Es más, algunas organizaciones de atención médica con programas centrados en la prevención más que en el tratamiento pueden utilizar esta información para potencialmente reducir las enfermedades en sus pacientes. Es posible ayudar a los individuos para que identifiquen sus talentos naturales y se encarrilen alejándose de la adaptación excesiva, minimizando así el agotamiento de energía y evitando las consecuencias relacionadas con la falta de armonía con el óptimo estilo de funcionamiento del self.

CORRELACIÓN CON EL PENSAMIENTO JUNGIANO DE LA ACTUALIDAD

El trabajo de Benziger se correlaciona estrechamente con el de otros jungianos, especialmente con el de los doctores John Beebe y Verena Kast.

En su muy perceptiva y sensible obra, Integrity in Depth (“La integridad en detalle”), Beebe analiza lo que denomina “la ecología de la integridad” (Integrity in Depth, pág. 27), y sugiere que nuestra ubicua fascinación social con la integridad radica en que muchos de nosotros llevamos una vida carente de ella. Esta integridad exige que uno viva en armonía con la propia naturaleza, siéndole fiel y afirmándola con honestidad. Vinculando la felicidad y el éxtasis con la integridad por un lado, y la incomodidad y el agotamiento con la violación de la integridad, por el otro, Beebe señala que la inteligencia consiste en actuar según la propia naturaleza.

Beebe observa que cada individuo experimenta sensaciones corporales que señalan la realidad de límites psíquicos internos, de modo tal que una violación del self, sea ésta producida desde afuera, por el tratamiento que recibimos del otro, o desde adentro, por culpa de nuestra propia negación de una pieza clave de nuestra identidad, se hará sentir a través de sensaciones corporales. “Las sensaciones y asociaciones corporales señalan la realidad de los límites psíquicos internos, los cuales deben respetarse. Tal vez no sepamos que tenemos un self hasta que éste es víctima de la ansiedad, la ira, o la violación (Integrity in Depth, pág. 19).” Beebe sugiere con bastante exactitud que “Un lugar de partida apropiado para el descubrimiento de la integridad radica en la experiencia de la ansiedad”. Y agrega que “en el lenguaje del psicoanálisis, esta perturbación es a la vez una ansiedad indicadora de que el self está en peligro y una ansiedad de separación…., una percepción inconsciente de la escisión del self.”

Si bien Beebe se refiere a la integridad en todas sus manifestaciones, con respecto a todos los aspectos del self y sin limitarse al “tipo”, podría argumentarse que el desvío(como la identifica Jung y la analiza Benziger) es una manera significativa en la que se sacrifica la integridad personal. Es más, como las recompensas ubicuas de nuestra cultura alientan a los individuos, y en particular a los Intuitivos y los de predominancia del Sentimiento, a desviar su tipo más que otros y abandonar su función natural a favor de la Sensación o el Pensamiento (considerados más útiles por parte de empleadores y educadores del “mundo industrializado"), puede decirse que en los países industrializados, estos individuos sufren más traumas psicológicos y agotamiento fisiológico que aquéllos con dominancia de la sensación o el pensamiento. Por eso, cuando Beebe comenta que “los pacientes esperan que el terapeuta defienda la integridad en la relación analítica” (pág. 20) y que “en la psicología analítica de la actualidad, nuestro interés estriba en jugar un papel activo en relación con el self, a través de la actitud de espejar con empatía” resulta claro que por lo menos desde la perspectiva del tipo difícilmente sea posible “espejar con empatía” (pág. 18) si se ha aceptado la persona o el tipo desviado como estilo dominante. De hecho, podría anticiparse que incluso las mejores intenciones de un profesional que equivocadamente afirma que el tipo desviado de su paciente es el natural, chocarán contra la falta de entusiasmo o de éxito. Por cierto, es justo ésta la clase de problema que cita Beebe al referirse a su trabajo con una paciente cuya función natural era el sentimiento. Cuando él empezó a espejar mensajes de sentimiento hacia ella, su interés y progreso aumentaron en forma notable.

Es más, parece que son estas experiencias con pacientes las que han conducido a Beebe a coincidir con Lao Tsu al afirmar que “la inteligencia consiste en vivir en armonía con la naturaleza” (pág. 29) o más específicamente con la “naturaleza que Dios nos dio” a cada uno (pág. 55).

Al considerar las observaciones de Beebe, podría agregarse que la ansiedad puede presentarse porque la historia personal del individuo lo conduce a anticipar una invalidación con respecto a algún aspecto no negociable de su self (su altura, raza, sexo, color de cabello, introversión o talento natural) o porque desvía su tipo en el afán de sobrevivir, encajar en el entorno o recibir recompensas. El individuo es víctima de la ansiedad porque teme que los demás vean detrás de la máscara. Los elementos fisiológicos que acompañan el desvíode tipos y la distinguen de cualquier otra clase de desvío son la ansiedad ante la posibilidad de equivocarse debido a la enorme cantidad de energía extra que hace falta para usar constantemente una función auxiliar o inferior, dados los niveles superiores de intercambio eléctrico que las caracterizan, y la fatiga crónica o agotamiento subsiguientes que surgen como producto del consumo adicional de energía y la falta de oxígeno que hace falta en el resto del organismo para permanecer activo y vigoroso.

Dada la tendencia antes mencionada de los países industrializados de alentar a tantos individuos a desviar su tipo desde muy temprana edad, a ser responsables y confiables en su desempeño a pesar de las potentes sensaciones internas que acompañan la percepción de tener que “pensar” más allá de la dificultad de concentrarse o prestar atención, y que avisan sobre la presencia de un desvío de tipos, es posible sugerir que tal desvío se destaca como una violación muy particular de la integridad. Este desvío, fomentada desde la infancia por parte de las figuras de autoridad (padres, docentes y tutores), forma los cimientos para que el individuo desdeñe las señales de advertencia (sensaciones físicas) que le avisan que está ignorando su integridad, y que ésta junto con su identidad corren peligro. En otras palabras, cuando un niño intuitivo o con predominancia del sentimiento tiene que concentrarse en aprender ortografía y lectura y sufre las primeras señales internas (dificultad para concentrarse, dolencias físicas) pero se lo alienta a “portarse bien y ser un buen alumno”, luego habrá de sufrir señales más potentes, en particular las basadas en la fisiología del tipo (fatiga y posibles dolores de cabeza). Si expresa tal dificultad pero de todos modos se lo alienta para que haga un intento por dominar estas disciplinas, en lugar de ayudarlo con una empatía que lo espeje y afirme que estas tareas no son sus dones naturales y tal vez sería buena idea que por un tiempo hiciera algo que le surge más naturalmente, se lo estará educando para que niegue su sistema de advertencias.

Si esta hipótesis es cierta, sirve de sobra para explicar por qué tantos individuos parecen capaces de vivir todo el tiempo lejos de su integridad: han cerrado o bloqueado su percepción de ella. Es lo mismo que sucede cuando algunas personas dejan de sentir porque sus sentimientos son demasiado dolorosos, y a la larga dejan de sentir el dolor, pero por desgracia, también la felicidad. En apariencia, entonces, aquel individuo que niega las sensaciones corporales de la violación de la integridad de su tipo, tampoco podrá notar cuando una situación fomenta alguna otra clase de violación, como ser un robo, la violencia corporal o el dolor causado a otros. Si esto es cierto, sugeriría que una manera de abordar el creciente problema social de la violencia sería alentar a todos a prestar atención y respetar, en lugar de negar, las señales que indican la presencia de el desvíodel tipo.

Aunque el trabajo de la Dra. Verena Kast en su obra Joy, Inspiration and Hope (“Alegría, Inspiración y Esperanza”) parece en un primer momento ser muy distinto de las observaciones de Beebe acerca de la integridad, el vínculo fisiológico entre integridad y alegría y placer, observado por Beebe y confirmado por Benziger en cuanto al tipo, sugiere una conexión. Kast hace referencia a una amplia gama de factores, cualquiera de los cuales puede perturbar el estado de ánimo del individuo volcándolo a una falta de armonía. Sin duda la presión de desviar el tipo sería uno de los elementos perturbadores más peligrosos que amenazan lo que Kast denomina la “unidad biopsicosocial” (pág. 26), en la cual el estado psíquico o anímico del individuo registra el grado en que éste armoniza con lo que hace y con su entorno. Por consiguiente, Kast argumenta que: “(si bien)… percibimos el temperamento equilibrado como algo ideal,… los aliento a preguntarse si las alteraciones del ánimo acaso no cumplen una función de importancia, (porque)… una alteración del estado de ánimo puede ser un indicador confiable de cuando las cosas están fuera de lugar o no andan bien (stimmt nicht).” (Pág. 25).

Es más, si lo que está mal es la falta de reconocimiento, la invalidación o el menoscabo de nuestra función dominante natural y nuestro enfoque de vida fundamental, entonces Kast tiene mucha razón desde la perspectiva de la tipología cuando dice: “la idea… es que algunas emociones predominan toda la vida o, para expresarlo en términos de la teoría de los complejos, algunos temas básicos de nuestra vida presentan dificultades persistentes” (pág. 30). Esto se debe a que nuestra función dominante es víctima constante de la invalidación por parte de la sociedad moderna e industrializada. Sin duda, en esta sociedad contemporánea que valora la Sensación y el Pensamiento por sobre todas las cosas, aquéllos que están predispuestos a usar la Intuición o el Sentimiento suelen toparse sin cesar con dificultades manifestadas desde la invalidación constante, y con la falta de oportunidades para desarrollar, utilizar y ser recompensados por su talento natural.

Es más, Kast, al igual que Beebe, afirma que esta falta de apoyo por quienes realmente somos se registra en el organismo según las siguientes afirmaciones: “las emociones siempre involucran el organismo” y “el cuerpo no miente” (pág. 12). Asimismo, al analizar las autobiografías de felicidad de pacientes y estudiantes, Kast confirma las observaciones de Beebe y Benziger al respecto de que un individuo que usa su función dominante siente placer, diciendo así: “La primera fuente de felicidad que se suscitó en muchos fue el sentirse encantados consigo mismos… esto surgía naturalmente en relación con sus habilidades … (como por ejemplo lo que dijo un entrevistado), ‘Cuando puedo dar rienda suelta a mi creatividad, me siento extraordinariamente bien.’” (pág. 49). Esto remite a las observación de Csikszentmihalyi sobre el fluir, que sugiere que cuando algo nos sale casi sin esfuerzo, de manera tal que estamos completamente absortos en lo que hacemos y perdemos la noción del tiempo, solemos sentir una felicidad y un placer incomparables.

Es más, si el trabajo de Benziger sobre la frecuencia de el desvíoes exacto, es decir, si entre el 40 y el 60 por ciento de la población desvía su tipo, entonces una razón por la que se haya escrito tan poco sobre las emociones de júbilo (a diferencia de la ansiedad, la pena y la ira, que han sido estudiadas más exhaustivamente) estriba en que en la sociedad moderna, muchos individuos viven dentro de una mentira. Están violando su propia integridad, y abandonan su talento natural y desvían su tipo para tener éxito. Uno se pregunta qué tenía en mente Kast al sugerir que las alteraciones del ánimo son señales de que algo está “fuera de foco” y que es necesario corregirlo para recuperar la armonía.

Si la mayoría de la población desvía su tipo, por lo menos en cierto grado, y una porción significativa lo hace en grado sumo, no debería sorprender que las alteraciones del estado de ánimo sean un problema común de la sociedad contemporánea. La falta de validación de los dones innatos, complicada con el agotamiento de tener que desviar el tipo, es más que suficiente para provocar irritabilidad e incluso depresión.

RESUMEN

Los sistemas de orientación basados en la fisiología son parte integrante de cada individuo y tratan de preservar su armonía interna. Cuando éste se siente bien realizando una determinada actividad, esto se debe a que está utilizando su talento natural, que apoya y no viola su integridad individual. En gran parte, la población actual es alentada desde la infancia a ignorar este sistema de orientación. Se nos enseña a desdeñar los dones naturales ya desde niños. Cuando la sociedad no recompensa los dones individuales y de hecho brinda incentivos a aquél que se aleje de la integridad con el propio self, una porción significativa de la población es condenada a un desvío excesivo o prolongado.

Cuando el individuo utiliza sus dones naturales y respeta su estilo dominante, además de su nivel de Extraversión/ Introversión, experimenta un bienestar fisiológico (la integridad). Cuando la situación es la opuesta, experimenta la enfermedad fisiológica (una violación de la integridad). En la medida en que el individuo ignora la integridad y se inclina hacia el desvío de su self, se condena a sobrevivir en niveles menores a los óptimos, en los cuales su vida se ve ensombrecida por la ira, la ansiedad, el miedo y la desesperanza. En tales estados de ánimo, el individuo es capaz de perderse el viaje emocionante y gratificante de la prosperidad.

En un sentido más amplio, es posible que la aplicación práctica de esta actualización fisiológica del trabajo de Jung brinde la clave sobre la presencia o ausencia relativas de la integridad colectiva. El potencial de curación que ofrece este modelo puede, de por sí, constituir uno de los conceptos más emocionantes originados en la última parte del Siglo XX. Además es capaz de provocar el impacto final sobre el éxito de la comunidad de individuos y la comunidad mundial del Siglo XXI.

ALGUNAS REFERENCIAS SOBRE LAS AUTORAS

Isabel Katherine Benziger, Ph.D., fue educada en un entorno pleno de la influencia de C. G. Jung. Su abuela materna había estudiado con Jung en Suiza, en 1933; su madre, con Murray Stein en el Instituto de C. G. Jung de Chicago. El legado paterno de Katherine es tan rico como el materno. La familia Benziger, de Einsiedln, Suiza es famosa por haber aportado muchos miembros a la Iglesia Católica, varios de los cuales han actuado como consejeros y líderes espirituales. Fue con estos antecedentes que Benziger desarrolló el BTSA y contribuyó en forma significativa al conjunto de conocimientos sobre la depresión.

Arlene R. Taylor, Ph.D., ha dedicado los últimos 25 años a dar conferencias sobre la función cerebral, el sistema inmunitario y una variedad de temas sobre el crecimiento personal. Es una oradora reconocida internacionalmente, ha sido anfitriona de programas de conversaciones (talk-shows) por radio, y ha publicado algunas obras. Ha trabajado estrechamente con Benziger desde 1989 y está certificada para interpretar y calificar el BTSA. Taylor fundó y actualmente dirige el Brain and Innate Giftedness Program (Programa sobre el cerebro y los dones innatos) del Hospital de Sta. Helena. En el sereno entorno rural del mundialmente famoso Napa Valley, a los participantes se los ayuda a identificar sus dones innatos y se les otorga estrategias prácticas para que se alejen del desvío y se vuelquen a una prosperidad ilimitada.

BIBLIOGRAFÍA ADICIONAL

Beebe, John. Integrity in Depth College Station, Texas A & M University Press: TX 1992.

Benziger, Katherine. Falsification of Type. La Salle University Library: LA 1995.

_____. The BTSA User Manual. KBA Publishing: TX 1993.

Chopra, Deepak. Ageless Body. Timeless Mind. Harmony Books: NY 1993.

Csikszentmihalyi, Mihaly. Flow: The Psychology of Optimal Experience. Harper Collins Publishers: NY 1982.

Eysenck, Hans J. and Jan Strelau (Editors). Personality Dimensions and Arousal. Plenum Publishing Corporation: 1987.

Goleman, Daniel. Emotional Intelligence. Bantam Books: NY 1995.

Jung, Carl G. Psychological Types. Harcourt, Brace & Company, Inc.: NY 1926.

Justice, Blair. Who Gets Sick? Jeremy P. Tarcher, Inc.: CA 1988.

Kast, Verena. Joy, Inspiration and Hope. College Station, Texas A & M University: TX 1991.

Ornstein, Robert and David Sobel. The Healing Brain. Simon and Schuster: NY 1987.

Sapolsky, Robert M. Why Zebra's Don't Get Ulcers . W. H. Freeman and Company: NY 1994.

"Geared up for the 21st Century" ©1996 Arlene Taylor, Ph.D. y Katherine Benziger, Ph.D.

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